Los buitres del mercado y la des-unión europea

 
Se veía venir. 
Ni el ejercicio de transparencia  derivado del sometimiento masivo del sector financiero español a las pruebas de stress, ni el anuncio del segundo plan de rescate a Grecia, ni las múltiples declaraciones de los responsables de la UE de que mantendrán a toda costa la estabilidad de la zona euro.
Nada calma a las hienas del mercado  más allá de unos días. Al instante de recibirse las buenas noticias la prima de riesgo de la deuda soberana de España baja; pero, a los pocos días, vuelve a subir peligrosamente, encareciéndose la remuneración que hay que abonar a los compradores de los bonos a 10 años.
¿Hasta cuando podemos soportar esta situación?
No hacen falta ser economista (yo no lo soy) para darse cuenta de que esta unión monetaria está abocada al fracaso si no va acompañada de reformas estructurales que avancen rápida y decididamente hacia la unión política y económica. ¿La “Unión” europea no buscaba eso?
Claro que ello implicará efectuar cesiones de soberanía importantes y me temo que algunos de nuestros ¿líderes? europeos actuales tienen una visión muy cortita que les impide ver más allá de lo que les reporte beneficios electorales en sus respectivos Estados.
Mientras tanto, en los países atacados por los buitres del mercado crece el sentimiento de des-unión europea. Las reiteradas apariciones públicas de Merkel y Zarkozy como “salvadores” de los países atacados por  los especuladores  escenifican un protagonismo del eje franco-alemán incompatible con las instituciones de gobierno de la Unión, y hasta es posible que estén haciendo mella en el orgullo de los ciudadanos de los estados con problemas.

IX Seminario de la Audiencia de Cuentas de Canarias

El 7 y 8 de julio se celebró el IX Seminario de la Audiencia de Cuentas de Canarias, dedicado a las “Repercusiones en el sector público por la problemática del resto de los sectores económicos” y a “Experiencias prácticas de innovación del modelo de control de la actividad económica y financiera del sector público”. Programa

De izquierda a derecha: Rafael Medina, Juan Ramallo y Marco Aurelio Pérez
 Asimismo, se celebró la ceremonia de entrega de los XIII Premios de la Revista Auditoría Pública 2010. La ceremonia de clausura contó con la participación de D. Juan Ramallo, miembro español del Tribunal de Cuentas Europeo.

Desde aquí quisiera mostrar mi agradecimiento a la Audiencia de Cuentas de Canarias por su invitación para participar en este Seminario, felicitando a todo su personal por la profesionalidad en la organización de este evento y el cariño con el que nos trataron.

De forma especial, me gustaría destacar la calida acogida de su Presidente: Rafael Medina Jaber.
Se da la circunstancia de que Rafael era el Interventor General de la Comunidad Autónoma de Canarias a finales de los años ochenta, en los que ingresé en la Administración pública. Por tanto fue mi primer Jefe.
Directivo de gran visión, entre otras muchas cualidades, Rafael Medina marcó una época muy relevante de la Intervención General, dejando la imagen corporativa del Centro directivo en la más alta cota, y convirtiéndose, para todos los que trabajamos con él, en un referente como Interventor General.


Asimismo, quisiera mostrar mi agradecimiento a Francisco Socorro Alemán, Jefe del Gabinete del Presidente de la Audiencia de Cuentas, con el que comparto preocupaciones sobre la Administración pública y, sobre todo, una buena amistad; y, por supuesto, a la Revista Auditoría Pública por su consideración y reconocimiento hacia el modelo de control financiero permanente que ha implantado la Intervención General de la Comunidad Autónoma de Canarias.

A todos: muchas gracias.

¡La paradoja de la Administración salvadora que intenta evitar ser objeto de rescate!

Qué ingenuos.
En los últimos tiempos hemos descubierto algunas verdades ocultas gracias a la crisis económica:
Esta crisis mundial es mucho más que una crisis económica. Es una crisis de muchos de los valores considerados hasta ahora inamovibles y universales.
Hemos descubierto que nuestros sistemas democráticos presentan graves disfunciones y son tan vulnerables a su captura por intereses particulares transnacionales que, en muchas cuestiones fundamentales para nuestra existencia, su funcionamiento no es más que un teatrillo que tiene como fin aparentar lo que no es, mantener la ilusión de que a través de nuestro voto a unos representantes políticos podemos influir en el destino de las políticas públicas y aparentar que nuestras instituciones colectivas ejercen sus competencias libremente buscando el interés de nuestras sociedades.
Hemos descubierto que somos considerados ciudadanos de una categoría de países de segunda división europea, a los que algunos del centro y norte del continente les gusta denominar PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España) como acto reflejo de cierto sentimiento de superioridad y ánimo ofensivo - pues “pig” significa “cerdo” en inglés-, que parece corresponderse con un ansia de dominación, a través de la economía, injustificable y contraria al espíritu que se encontraba en la génesis de la construcción de la Unión Europea.
Es curioso que la unión política europea no se halla desarrollado con la misma velocidad del rayo que la unión monetaria, o a lo mejor es que no interesaba. A lo mejor mi voto, junto al de otros muchos ciudadanos de los PIIGS hubiera contribuido a que Merkel o Sarkozi no estuvieran en el poder imponiendo en toda Europa unas políticas neoliberales que están llevando a algunos países al precipicio.
Estas duras políticas de ajuste centran el foco de atención sobre las Administraciones Públicas,  pese a no ser éstas las culpables de la crisis, exigiéndole soluciones y al mismo tiempo duros planes de austeridad, que llevan consigo recortes importantes del nivel de bienestar de los ciudadanos, acrecentando la percepción de que los costes de la crisis lo soportan más los perjudicados que los causantes.
Siempre pasa igual, cuando el ciclo económico va bien los beneficios de la actividad económica no se reparten, reclamándose por los agentes económicos una Administración pública no intervencionista; cuando las cosas vienen mal es cuando se reclama a la Administración su intervención para que ésta se haga cargo de las deudas y solucione los problemas.

Recordemos que cuando estalla la crisis mundial la Administración pública española llevaba tres años consecutivos presentando superávits presupuestarios (no eramos unos manirrotos, Sra. Merkel). Para evitar el estrangulamiento del crédito la Administración salió al rescate del sector financiero. Baste decir que con cargo al Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) durante 2010 se utilizaron en 9 procesos de restructuración más 11.550 millones de euros.
La disminución de los ingresos derivado de la disminución de la actividad económica, unido a estas operaciones de rescate y al incremento del número de subsidios por desempleo y prestaciones derivados de la crisis, sostenimiento de la sanidad, educación y demás servicios públicos, hace que la Administración Pública presente déficit (gastos superiores a los ingresos).
Para hacer frente a este déficit, la Administraciones Públicas se endeudan de manera importante. ¿Por qué el recurso al endeudamiento y no se  actúa también sobre los ingresos, incrementando los impuestos? Es difícil de explicar desde la óptica socialdemócrata del Partido en el Gobierno de España.
¿Qué parte de la deuda es pública y qué parte es privada?¿Porqué hay que actuar primero sobre la deuda pública, con consecuencias sobre el estado del bienestar de los ciudadanos, y no sobre la deuda privada, la deuda de bancos, constructoras e inmobiliarias?
Quienes ganan con el endeudamiento: fundamentalmente el sector financiero, que presta dinero a las Administraciones, así como ahorradores con capacidad para comprar deuda pública.
¿Debemos resignarnos al recorte de servicios públicos, a perder calidad en nuestro sistema sanitario y educativo, a tener Administraciones Públicas anoréxicas, a pensiones y prestaciones insuficientes ,… antes que dejar que caiga  algún banco?
No cuestionamos que haya que tomar medidas contra el déficit público y para reducir el nivel de endeudamiento, pero éstos no son la causa, son la consecuencia. En adoptar medidas sobre las verdaderas causas de la crisis no parece haber la misma prioridad.